15 de diciembre de 2011

Capítulo 17

17. LA BATALLA
Corregido por: Leila
Dervish se detiene en el lugar donde el suelo cede a las redes, extiende sus brazos y grita algo ininteligible. Llamas azules crepitan en las puntas de sus dedos. Él junta sus manos y luego toca un hilo grueso del tejido. Fuego azul corre desde este hasta donde se conecta con otro. Como un rayo pasa hilo a hilo, acercándose cada vez más a Lord Loss y sus familiares. Lord Loss no muestra signos de miedo. Cuando la llama azul llega a él, chisporrotea y silba a su alrededor; pero sólo sonríe, agita una mano, y el fuego se apaga.
 
Lord Loss extiende sus brazos sobre su cabeza. Mientras lo hace, otros seis brazos se despliegan en su cuerpo, tres a cada lado. Sin dedos, sólo destrozado trozos de carne en los extremos. El Maestro Demonio agarra dos líneas, una con cada conjunto de manos, y se acerca hacia nosotros como una grotesca araña. Vein y Artery siguen de cerca a su amo, Vein ladrando, y Artery chasqueando los dientes.
Estudio a los demonios con terror. Tantos detalles que había olvidado. Las pequeñas bocas en las palmas de las Artery, el hecho de que no tiene ninguna lengua en ninguna de ellas, las cucarachas retorciéndose en su cabeza, lo salvaje de las llamas ardiendo en sus cuencas oculares vacías. Los diminutos y crueles ojos de Vein, su hocico largo y de tacto de cuero, los trozos de carne atrapados entre sus dientes, la elegancia de su abrigo canino, las manos de una mujer en lugar de patas. Y Lord Loss, con su piel roja manchada con sangre que rezuma de cientos y miles de cortadas irregulares, sus extraños ojos de color rojo oscuro, y el agujero donde debería estar su corazón lleno de siseantes serpientes retorciéndose.
Los demonios llegado al final de la telaraña y vacilan, balanceándose sobre una hebra delgada como buitres en una vid. Dervish está por debajo de ellos, frío como un trozo de hielo, sus manos juntas.
Hola, Dervish, — Lord Loss dice, su voz aún más triste de lo que yo recordaba. —Es bueno volver a verte, mi condenado amigo.
Me alegro de verte también, — Dervish responde tensamente. Vein se acerca, tratando de asustarlo, pero él solo muestra desinterés.
Y mi amigo más joven, el pobre Grubitsch Grady. — Lord Loss suspira, sometiéndome a su mirada roja espeluznante. —Tu dolor es todavía fuerte. Tan dulce. — Su cara se arruga y la sangre se filtra de las grietas en las mejillas. Se lame la sangre de la carne con una lengua inhumanamente larga, y a continuación, extiende una mano. —Ven a mí, Grubitsch. Déjame alimentarme de tu dolor. La miseria se debe celebrar, no soportar. En mi mundo serias un emperador del sufrimiento. Se mío, Grubitsch. Da la espalda a este desafío demente y acepta tu verdadero destino.
Me encuentro a mí mismo lleno de desprecio, y sin querer, contemplo fija y abiertamente al demonio, y respondo, —Eso quisieras, tú, ¡retorcido mutante hijo de puta!
Lord Loss se queda mudo. Vein y Artery farfullan con furia. Dervish se ríe.
Pagaras por ese insulto—, gruñe Lord Loss, los ojos brillantes, la sangre fluyendo.
Sólo si perdemos—, señala Dervish. —No lo puedes tocar si ganamos.
Oh, pero Dervish, no van a ganar, — Lord Loss dice, su voz resonando con tristeza. —Me gustaría que hubiera esperanza, me recuerdan a Bartholomew Garadex, un humano ciertamente excepcional. Pero hay que enfrentar los hechos, esta noche será su muerte. El niño es débil, no es apto para este reto.
No lo escuches—, me advierte Dervish. —Él está tratando de hacer que pienses que hemos perdido antes de que comencemos a luchar.
Yo sé lo que se trae entre manos, no va a funcionar—, gruño. Pero por dentro no soy optimista. Hay tanta tristeza en la voz y los ojos del demonio. ¿Es eso cierto? ¿Estamos destinados a perder?
Una última oportunidad, Grubitsch—, susurra Lord Loss. —Entrégate a mí ahora y podrás evitar el terror y la agonía. Tu muerte no será rápida, pero encontraras placer en ella. Tu madre, al final, deseo haber aceptado mi oferta. Suplicó servirme, pero ya era demasiado tarde.
No te creo—, le digo de firmemente. — ¡Mamá nunca hubiera rogado a un pedazo de escoria como tú por algo, incluso su vida!
Los ojos de Lord Loss se entrecierran. —Un segundo insulto, — murmura. —No deberás hacer un tercero. — Se enfrenta a Dervish. —Estoy cansado de esta vana palabrería humana. Yo vine a jugar al ajedrez. ¿Están listos?
Sí.
¿Quién jugara conmigo?
Yo lo haré.
Lord Loss pone la mano sobre su boca para cubrir una pequeña sonrisa. — ¿El niño va a luchar contra Vein y Artery? Estoy asombrado. Supuse que Grubitsch sería una maravilla en el ajedrez que enfrentaría su ingenio contra el mío. Sin embargo, lo dejas para combatir contra mis salvajes familiares...
Grubbs va a estar bien—, dice Dervish, pero su voz no desprende confianza.
Que así sea—, suspira Lord Loss. —Me hubiera gustado enfrentarnos en una lucha noble, pero si van a jugar con una derrota segura, no hay nada que hacer, salvo obtener una rápida victoria y dispensarte un final rápido.
Lord Loss baja más de la telaraña y se sitúa justo en frente de Dervish, sin que las tiras irregulares de carne de sus piernas toquen nunca el suelo. Seis de sus brazos se doblan alrededor de sus costillas, dejando el par superior libre. La sangre gotea de su cuerpo y arde cuando golpea las piedras del suelo.
Dervish se hace a un lado y señala a los tableros de ajedrez. Lord Loss se desplaza hacia ellos, sus labios lo más cerca que pueden de llegar a considerarse de una sonrisa cálida. Camina alrededor de las mesas, pasando los dedos sobre algunas de las piezas de ajedrez. En la telaraña, Vein y Artery escupen y arañan con impaciencia los hilos de seda, hambrientos de batalla y sangre.
Espero que pruebes ser más digno oponente que tu hermano, Dervish, — Lord Loss dice con rencor. —Él ya estaba perdiendo cuando movió por cuarta vez. Fue muy vergonzosa, la facilidad con la que sucumbió. Creo que, muy en el fondo, secretamente deseaba perder, tal como Grubitsch.
¡Cállate! — Le grito furioso, dando un paso hacia él, los puños cerrados.
Calma, Grubbs—, murmura Dervish. —Él está tratando de incitarte. Ignora esas mentiras. Despeja tu mente.
Concéntrate en la lucha.
Sabio consejo, — Lord Loss asiente con la cabeza.
Pero Grubitsch es incapaz de prestar atención. Él está lleno de fuego y furia, al igual que su madre. Sus fracasos resultaron ser la caída de su padre. Él podría haber tenido mejor suerte si no hubiera estado tan preocupado por ella, como Dervish está ahora preocupado por ti. ¿Qué le dirás a tu tío cuando le falles, Grubitsch? ¿Cómo te disculparas por...
Si esto continúa,— Dervish interrumpe en voz baja, —el juego no será llevado a cabo.— Lord Loss lo contempla maliciosamente.
No estoy echándome un farol. Que sea una competencia justa, yo contra ti, Grubbs contra tus esclavos, o no habrá competencia en lo absoluto.
¿Sacrificarías al pobre Billy Spleen tan fácilmente?— sonríe Lord Loss.
Si tengo que hacerlo,— dice Dervish, su rostro de piedra.
Lord Loss estudia preocupado a mi tío en silencio, entonces se encoge de hombros y se sienta al lado de los tableros de ajedrez, detrás de las piezas de color negro. —Muy bien. Vamos a prescindir de las bromas.
Toma tu lugar, Dervish Grady, y hazle frente a tu fin.
Dervish camina hacia mí. Agarra mis hombros. Contempla duramente a mis ojos. —Sabes lo que tienes que hacer—, dice. —Lucha contra duro y sucio. A muerte.
Pan comido—, sonrío débilmente. —Buena suerte.
Hacemos nuestra propia suerte esta noche—, dice en respuesta. Me libera y se dirige hacia los tableros de ajedrez. Se sienta, respira, y luego, sin más trámites, se inclina hacia adelante, agarra un peón en el tablero del medio y lo mueve dos casilleros.
Inmediatamente, Vein y Artery saltan de los hilos y se centran en mí, chillidos y gruñidos, el hedor de la muerte en el espeso aire sobre ellos.


No hay tiempo para comprobar la respuesta de Lord Loss al movimiento de apertura de Dervish. Me tiro violentamente hacia la izquierda. Vein está ahora a la cabeza, sus mandíbulas de cocodrilo cerrándose en el aire, retorciéndose sus dedos humanos.
Artery aterriza sobre mi espalda. Su mano izquierda agarra mi cuello. Los dientes muerden mi carne. Yo grito y giro sobre el piso, tratando de aplastar al hijo del infierno. Se alza libre antes de completar el movimiento, riendo oscuramente.
En la jaula, Bill-E ruge y sacude las barras, detectando la amenaza de los demonios, incluso en su forma bestial.
Vein ataca de nuevo, saltando por el suelo. Mi mano derecha se estira. Los dedos abiertos. Un hacha salta a mi palma de la pila de armas a varios metros de distancia.
Me siento y tiro. Forma un arco hacia Vein. Rebota duro contra su hocico. Sólo un rasguño, pero la herida le hace detenerse.
Me levanto sin usar los músculos de mis piernas. Mira hacia abajo, ¡estoy flotando en el aire! Cierro mi mente a lo imposible de la situación. Extiendo las dos manos. Un hacha vuela hacia mi izquierda, una espada corta a mi derecha. Busco a los demonios. Están acurrucados uno junto al otro, mirándome.
¡Vengan a mí, fenómenos!— Grito, girando el hacha como un bastón de mando.
Una maniobra inteligente—, señala Lord Loss , aplaudiendo con sequedad. —¿Tu le enseñaste eso, Dervish?
No escuches el comentario,— Dervish gruñe. —Es tu turno.
Mis ojos se mueven a los tableros. Aunque parezca increíble, decenas de movimientos se han hecho en los pocos segundos desde que el juego comenzó. El juego está en una etapa avanzada en los cinco sets.
Artery ataca mientras estoy distraído. Más rápido de lo que mi vista puede seguir, cruza la sala, salta, me arrastra con fuerza por mis piernas. Lo pateo, pero trepa por encima de mis rodillas. Los dientes en sus manos se hunden en mis muslos. Yo grito. Artery se ríe. Vein ladra emocionado. Bill-E empuja los barrotes de su jaula con la cabeza y trata de morder fuera de ellos.
Me derrumbo en el suelo. Artery afloja el agarre por la alegría. Yo lo pateo nuevamente. Choca contra una pila de libros quemados, dispersándolos, gritando salvajemente.
Vein está sobre mí antes de que pueda levantarme. Sus dientes muerden mi pierna izquierda extendida. Me muerde atravesando la tibia. Gira su cabeza a izquierda y derecha. Carne y hueso se desgarran. Mi pie y el tobillo vuelan por la habitación. La sangre bombea desde la parte inferior de mi pierna izquierda, ¡estoy agonizando!
Vein y Artery se pelean por la herida. Sumergen la cara en el chorro de sangre. Se la tragan.
Se empujan entre ellos, hambrientos por mi pierna.
Temblando, en estado de shock, mis ojos en blanco, el sótano gira, ya insensible al dolor, viendo a los demonios alimentándose, vencido, muriendo.
¡Usa tu magia!— Grita Dervish. Mis ojos se enfocan a medias. El está de pie, la cara lívida. —¡Magia!
Grita de nuevo, Lord Loss hace una mueca y toma una de las reinas de Dervish con un alfil.
Miro a los demonios, sus rostros de color rojo con mi sangre, imaginando su próximo ataque, el tormento, siendo llevado a la acción.
Estoy todavía sosteniendo el hacha. Juntando todas mis fuerzas, la lanzo y la entierro en la cabeza alargada de Vein. El demonio se cae, ahogándose. Su fuerza le abandona.
Ella cae en un montón. ¡La he matado!
Yo casi grito de alegría, hasta que distingo a Artery subiendo sobre Vein. Él saca el hacha y junta los bordes de la herida. La sangre brilla. Los nudos de la herida se cierran. Vein se pone de pie, temblando, pero muy viva.
Mi corazón se hunde, y entonces salta de alegría. Las suplicas de Dervish tienen sentido ahora. ¡Si los demonios pueden usar la magia para reparar sus heridas, yo también puedo! Mientras que Vein todavía se está recuperando, señalo mi pie en el lado opuesto de la habitación y Vuelvo a señalar su posición inicial. Por un segundo nada sucede. A continuación, desaparece y reaparece al final de mi pierna. Carne, hueso y tendones se fusionan. El dolor es peor que cuando fue arrancado. ¡Pero funciona! En cuestión de segundos tengo el pie como nuevo, aunque duele increíblemente.
No coloco mi peso sobre el pie. En su lugar, tranquilamente extiendo mis brazos y me imagino en el aire. Con lenta gracia, me elevo. Metiendo las dos piernas por detrás de mí, me enfrento a los demonios, y entonces los apuñalo con la espada.
Artery logra desviarla. Vein salta en el aire e intenta alcanzar mis piernas, pero estoy demasiado alto. Me río de los demonios, luego apunto a ellos de nuevo. Se dispersan, Vein a mi izquierda, Artery a mi derecha.
Sed de sangre. Sensación de victoria. Persigo a Artery. Intento alcanzarlo con la espada, pero fallo por pocos centímetros.
Intento otra vez más. Escapa, llorando, agitando sus pequeños miembros de una manera casi cómica. Se tira al suelo en desesperación. ¡Lo tengo! Inclinándome hacia delante, apunto cuidadosamente con la espada, tomo impulso, comienzo a bajarla, y ...
... Mi espalda se topa con la telaraña en el límite de la bodega!
Fuerte resistencia, como golpear una barra de acero.
Sonido de huesos quebrados. La espada cae. Peor, ¡me quedo pegado! Los hilos están recubiertos con una sustancia pegajosa. Se aferra a mis brazos, cuerpo, piernas. Soy una mosca pegada a papel atrapamoscas.
Luchando. Atrapado. Indefenso.
Artery y Vein se reúnen debajo de mí. Sus rostros resplandecen con malicia. Los dientes en las manos de la Artery rechinan terriblemente. Los ojos de Vein parecen más malévolos que nunca. Ella se agarra a los hilos con sus manos humanas.
Se arrastra hacia mí. Artery no se queda atrás.
Desgarran los hilos, tratando de morder mi cara. Hago un llamado a mis habilidades mágicas, deseo estar despegado de los hilos, ¡Pero no funciona! Ciego de pánico, con los demonios acercándose, ¡Ha llegado el momento de mi muerte!


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